Después de dos años de ajuste profundo, el ecosistema emprendedor latinoamericano entra en 2026 con señales mixtas pero con una dirección más clara. La caída del capital de riesgo, el cierre masivo de startups y la irrupción de la inteligencia artificial dejaron heridas visibles, pero también una generación de founders más curtida, más global y con menos ilusiones sobre atajos. La pregunta que hoy se hacen miles de latinoamericanos sigue siendo la misma: ¿se puede vivir de emprender en esta región?
La respuesta, según quienes lo intentaron y sobrevivieron, es sí. Pero las reglas cambiaron.